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  • COPIAR O CREAR 7 NOVIEMBRE 2014
         Ya tenemos aprobada por la mayoría absoluta de los diputados españoles la  anunciada reforma de la Ley de Propiedad Intelectual. Que de paso establece un nuevo control sobre los derechos de autor, el uso de textos e imágenes que circulen por internet, y en general intenta controlar un mercado, el de los servicios, sobre la base de dar categoría, o mejor dicho reforzar la categoría de derecho con contenido sustantivo y valor económico a lo que venían siendo los clásicamente ya reconocidos derechos por la centenaria ley de propiedad intelectual.

         Si no me falla la memoria, la actualización de estos derechos empezó con la Ley de 1987 (posterior a la Ley del Libro de 1975). Todos los que en los ochenta estábamos en la universidad, recordaremos como se empezó a prohibir la realización de copias masivas de libros enteros, o partes importantes de los mismos; para a continuación, como “el campo tiene muchas puertas”, ejercer la presión ejecutiva de la ley sobre las copisterías.
         El resultado fue prácticamente nulo, porque a nadie se le escapa que un libro se puede fotocopiar de una vez, o por temas o capítulos, y hecha la ley… si no te gusta, se busca la legitimidad.
          Años después vimos como apareció una organización/institución, denominada Sociedad General de Autores, (de recuerdo funesto por la mala gestión de alguno de sus dirigentes), que debía velar por el cumplimiento de la legislación entonces vigente sobre los derechos de propiedad intelectual de los autores, escritores, cineastas, artistas en general.
          Todos recordamos entonces los equilibrios de bares y establecimientos de hostelería en general haciendo equilibrios para intentar evitar los impuestos “revolucionarios” derivados de la aplicación de dicha ley, que acabaron de nuevo con un nuevo cambio, la aparición de los canales de televisión de pago.
          Luego se pasó a gravar indirectamente la utilización de la propiedad intelectual ajena mediante el establecimiento de una presunción jurídica que imponía a todo usuario el copago de parte de dichos derechos por el simple hecho se comprara un soporte apto para la copia de contenidos protegidos por los mismos.
          Ahora estamos en un nuevo estadio, en el que desde el mismo poder ejecutivo se vuelve a intervenir en el mercado de los derechos de propiedad intelectual. Directamente mediante la modificación de las licencias de los canales de televisión, suprimiendo y reubicando empresas con algo tan sencillo como cambiar el número de la frecuencia en que deberá emitir a partir de principios de 2015.
          Y todo esto está ocurriendo al tiempo que el Gogierno pretende suprimir la obligatoriedad de colegiación en casi cincuenta profesiones. Lo que a efectos prácticos supone descomponer cientos de colegios profesionales, que prestan en la actualidad un indudable servicio a los ciudadanos. Pues cumplen con una especie de principio de subsidiariedad ante la falta de cobertura por parte de la administración de muchos de estos servicios.
          En definitiva estamos ante una escondida nueva demostración de intervencionismo administrativo sobre el derecho privado (ya se ha hecho con los bancos, las eléctricas y la telefonía), concentrando el poder en manos de quien tiene la facultad de legislar, desestructurando organizaciones profesionales que funcionan perfectamente y que prestan un indudable servicio a los ciudadanos.
          Pero los editoriales y artículos que en estos días leeremos seguro que hablaran de la red, de internet, del “peligro” que supone que cualquiera pueda robar “copiar y pegar” las ideas, textos, imágenes o arte en general de los demás. Una especie de proscripción del “gratis total”, bajo el simple y flojo argumento de que todos los autores tienen derecho a percibir la remuneración correspondiente por los derechos de propiedad intelectual derivados de la comercialización de sus obras.
          Aunque cuesta entender cómo se va a aplicar con esta ley los conceptos “fines indirectamente comerciales”, “utilización colectiva” o “compensación equitativa por citas”. Uno siempre había entendido que el código de comercio distingue claramente el contrato mercantil del que no lo es con unos criterios muy claros, no habla de comercio “indirecto”. Uno siempre había entendido que la utilización colectiva, si es por un interés general, no tiene por qué ser objeto de prohibición. Y uno siempre había entendido que una compensación es algo que no es dinero, y por tanto ¿de qué está hablando esta ley?, de compensar a los autores ¿cómo?, con subvenciones públicas … mal rollo.
          Pero, la gran contradicción de este pretendida “reforma”, es que al mismo tiempo que se  intenta proteger unos profesionales, a otros se les quita el título y su capacidad de organizarse como tales por medio de colegios profesionales. Claro que a los unos se les llama “artistas”, y los otros, somos pues eso “pofesionales”. No estoy hablando de los abogados, ue de momento nos salvamos, estoy defendiendo a otros cincuenta colectivos profesionales.
          En Venezuela supongo que estarían de acuerdo con este tipo de reformas legales. Pero aún estamos en un país en el que el mercado sigue dictando sus reglas, y en el que quién no quiera que le roben sus ideas, sencillamente, que no las escriba, que no las cuelgue en la red, que no las envíe por whatsapp.
          Hubiese sido mucho más efectivo potenciar los colegios profesionales, dotarlos de las competencias y fondos necesarios para mantener los servicios que ya prestan, y en todo caso reformar el código penal e implementar los recursos públicos para perseguir los auténticos robos de propiedades intelectuales.
          Por cierto, si se quiere luchar contra los listillos que viven de las ideas de los demás, que empiecen los mismos políticos a renunciar a utilizar “negros” (con perdón y para que se me entienda) que les escriben los artículos, discursos y argumentarios.
          Aunque en definitiva, las ideas, si son buenas, al final llegan a donde tienen que llegar y sirven a la sociedad.
         Que unos cuantos espabilados se intenten ganar la vida intermediando, copiando y pegando, no es tan grave, siempre y cuando se haga con elegancia, sin suplantar a nadie, ni aparentar lo que no se es.
         Un amigo me dijo el otro día que en las redes sociales la gente escribe y cuelga todo lo que le gustaría ser y no es. Pues eso, a buen entendedor…
          Porque desde pequeños hemos aprendido que en cuestiones de propiedad intelectual, desde la escuela hasta la universidad, existen dos actitudes, copiar o crear. Y, cuántas veces nos hemos encontrado en la absurda situación, cuando estamos escribiendo un texto (por razones profesionales o no) que después de navegar durante un rato buscando algo que copiar, o al menos sobre lo que trabajar, llegamos a la conclusión de que habríamos acabado antes si desde el principio nos hubiésemos puesto a escribir lo que llevamos dentro.
         El que no haya tenido nunca esta sensación, “que se calce”, que con esta nueva ley los creativos le van a pedir muchas “compensaciones equitativas”.

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