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  • 100 AÑOS DE EXPERIENCIAS 14 MARZO 2014
     
         
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         El pasado 7 de febrero, en el Palau de Congressos de Catalunya, se entregaron los diplomas acreditativos de los 50 y 25 años de abogacía. Antonio Peralta, mi padre, recibió el galardón de oro, y Mª Ángeles Olano y un servidor recibimos el de plata el galardón de oro, y Mª Ángeles Olano y un servidor recibimos el de plata.

                   

        
          Es bueno celebrar. Recordar. Mirar atrás para revisar la conciencia. Recrearse en los buenos momentos para ver que la vida nos lleva por caminos sinuosos, pero no siempre oscuros.
         Creo que escribí una vez que la crisis era sinónimo de cambio, en el sentido de adaptación a un nuevo paradigma, el que la realidad cotidiana nos obliga. Y que si la economía nos obliga a renunciar a muchas cosas, una de ellas ha de ser necesariamente aquella velocidad a la que nos había llevado una situación económica boyante, que algunos han calificado de ficticia. Pero todos recordamos esos buenos momentos…. fueron reales, ocurrió, y esos recuerdos ya forman parte de nuestras vidas.
         Si la realidad actual nos obliga a renunciar a muchas cosas, a ir más despacio. Lo lógico es que intentemos penalizar socialmente al que intenta ir más deprisa, al que especula con la crisis e intenta sacar beneficio. Pues esas actitudes, en definitiva, solo llevan a situaciones de injusticia. Y sin Justicia, ninguna sociedad progresa. Ningún pueblo puede enorgullecerse de serlo. El triunfo individual, ahora, resulta paradójicamente deleznable. El concepto competitividad cojea si no va acompañado de otros como los de empatía, solidaridad, o bien general.
         Siempre hemos tenido una tendencia mecánica a compararnos con otros países teóricamente ricos, “triunfadores”, y que gozan de la admiración y, por qué no reconocerlo, de la envidia de de otros países vecinos. Pero sin preguntarnos como han llegado a destacar por encima de los demás. Y no solo me refiero a si los procesos han sido estrictamente democráticos, sino a si en el seno de sus sociedades reinaba la solidaridad y la justicia social. Y si realmente esos países realmente triunfaban como tales, o si solo era una casta aristocrática y oligárquica que se beneficiaba de algo sagrado: la ausencia de Justicia interna.
         Los abogados, antes que juristas, somos personas que tenemos como misión principal la defensa de los derechos individuales de nuestros clientes. A veces los colectivos de varias personas o entidades. Pero siempre con respeto al principio de legalidad. Aunque a muchos nos cuesta olvidar que también somos personas, y como tales tenemos un instinto innato que nos lleva a poner en cuestión la equidad de las normas, e incluso nos impulsa a proponer reformas estructurales cuando vemos que la sociedad, y el sistema jurídico que la regula, no caminan por el camino correcto.
         En la ceremonia de celebración de la festividad de Sant Raimon de Penyafort del pasado mes de febrero de 2014, en el Palau de Congressos de Catalunya, además de reunirnos con los nuevos colegiados, los que celebrábamos los 25 años de abogacía (Mª Ángeles y yo mismo) y los que volvían a celebrar los 50 (mi padre Antonio); gozamos de las reflexiones de compañeros que en representación del colectivo tenían y tienen mucho que decir, y que hacer en estos momentos de zozobra económica y social.
         Por eso quiero aprovechar la felicitación a mi esposa Mª Ángeles y a mi padre Antonio, para compartir con ellos en este escrito las citas de los ilustres juristas que intervinieron en este acto de celebración de la festividad de Sant Raimon, que para nosotros fue un “cumpleaños especial, dorado y plateado”.
          El Degà del Col·legi d’Advocats de Barcelona puso especial énfasis, (como la mayoría de los intevinientes) en que No ens cansarem de reclamar un just reconeixement de la trascendència social de la nostra professió i això vol dir, també, una digna i justa retribució dels companys i companyes del Torn d’Ofici”. Creo que lo he leído (e incluso escrito yo mismo) en alguna otra ocasión. En estos momentos de recortes en los presupuestos públicos, en que existe un quasi consenso en que son intocables las partidas relativas a la Sanidad y la Educación, nadie habla de la Justicia. Y una sociedad injusta, nunca puede prosperar en su sanidad y en su educación, por que el ejemplo y la base sobre los que se intenta desarrollar son inestables. Y para poner un ejemplo de que estoy en lo cierto, baste con recordar como ahora, después de varios años de crisis, el sector de la sanidad ha detectado que muchas de las enfermedades que tiene que atender son de origen psicosomático, y tienen que ver con enfermedades de origen psicológico provocadas por los problemas económicos de las personas, de sus familias e incluso de su entorno más inmediato. Por otra parte, los niños en las escuelas no pueden desarrollar todas sus potencialidades si al salir a la calle después se encuentran con una situación de injusticia social y económica que les impide tener la estabilidad necesaria con la que desarrollar sus personalidades. Hace mucho tiempo que estoy convencido que el Torn d’Ofici debería haber sido sustituido por un cuerpo de abogados públicos, al igual que pasa con la sanidad y la educación. Y que la Justicia no puede ser a la carta, pero tampoco sólo de “menú”. También tiene que existir la opción de la gratuidad. Y eso no se ve ni por asomo en los planteamientos de los políticos actuales.
          El Decano de Barcelona, también se refirió a las cualidades del buen abogado: sensibilitat, empatia respecte, rigor, honestedat, valentia, humilitat. E hizo una cita muy acertada de Angel Ossorio: “Lo que al abogado importa no es saber de derecho sino conocer la vida”.
          El President del Consell dels Col·legis d’Advocats de Catalunya puso énfasis en la necesidad de recuperar la tutela judicial efectiva “perduda amb la llei de taxes i que problablement acbarà d’enterrar el nou projecte de planta judicial”. Confirmando la poca confianza en los políticos actuales a la hora de plantear los ajustes estructurales necesarios para adaptar nuestro sistema judicial a la realidad de nuestra sociedad. Volviendo a incidir en la inutilidad de las reformas legales que solo buscan o la lineal reducción del gasto, o un incremento del ingreso mediante unas tasas que el tiempo está demostrando que no sirven para mejorar la recaudación pública, y solo disuaden de pedir Justicia a los que precisamente más la necesitan.
           El Presidente del Consejo General de la Abogacía, afirmó que “por muchas trabas que nos pongan desde la Administración, seguiremos siendo la voz de quienes no tienen voz y de quienes no pueden defenderse”.  En una clara demostración de la voluntad de la abogacía de continuar siendo la red de la sociedad sobre la cual caen los problemas de todos los ciudadanos y colectivos olvidados por el sistema. Y volvemos a hablar de Justicia, con mayúsculas. No la del Ministerio.
           Especial mención merecen las palabras del compañero José Ignacio Parellada, que habló en nombre de los que celebraban los 50 años de abogacía. Y lo cito en persona porque no representaba a ningún colectivo oficial, ni fue escogido por ningún mecanismo legal concreto. Pero que con su intervención demostró su gran categoría humana y jurídica, y por supuesto el buen criterio de quién le escogió para dicha intervención. (Aunque naturalmente yo creo que mi padre hubiese hecho una intervención mucho más amena, diferente, pero siempre interesante, si se me permite la falsa modestia genética).
            El compañero Parellada, con una clara visión retrospectiva de la profesión, y que seguro hace honor a sus muchos años de ejercicio, afirmó que: els companys, lluny de ser contraris, han estat defensant vers vosaltres, interessos contraposats o no coincidents, tolerant o inclús comprenent la “vostre veritat”, de la mateixa forma que nosaltres respectàvem la seva.”
            Y he de reconocer que con la siguiente intervención me provocó un amago de lagrimeo, que quizás ya venía propiciado por la emotividad que el acto tenía para mí y mi familia.  Y citando al Catedràtico de Derecho Procesal de la Universidad de Montevideo D. Eduardo J. Couture, a principios del s. XX, dijo:
           “Ten fe en el Derecho, como el mejor instrumento para la convivencia humana; en la Justicia como destino normal del Derecho; en la Paz como sustitutivo bondadoso de la Justicia; y sobre todo, ten fe en la Libertad, sin la cual no hay Derecho, ni Justicia, ni Paz.”
             Sencillamente, cierto, justo y bonito. Y más proviniendo de un catedrático de derecho procesal, que por definición suele poner en valor la importancia del procedimiento por encima de los derechos sustantivos, y en muchos casos incluso de los derechos fundamentales.
             La intervención de los juristas se cerró con la intervención del Presidente del Consejo de la Abogacía Europea, un italiano que hablaba con fluidez en castellano y català, y que aprovechó para abrir el objetivo y hacernos ver el peligro que acecha a nuestro entorno europeo: La reducción de los presupuestos de los estados en Justicia, defensa del mantenimiento del funcionariado, pero en detrimento de sus ciudadanos.
             Como decía al principio, no deberíamos conformarnos con estar “igual” que nuestros vecinos europeos, sino al contrario, poner en común visiones y problemas comunes para atacarlos conjuntamente y ofrecer soluciones a la sociedad con reformas estructurales y coordinadas. No con reformas superficiales y exclusivamente en defensa egoísta de la supervivencia presupuestaria de los estados.
              El acto lo cerró el Conseller de Justicia de la Generalitat, hablando de lo suyo. Lógicamente. Del valor del Dret Civil Català, que ciertamente ha tenido un papel importantísimo en el desarrollo de nuestra sociedad en los últimos lustros. A pesar de la superposición con un derecho civil, que nos era familiar por el origen en muchos casos de las instituciones comunes del derecho romano. Yo me quedo con el valor que supone representar a una nación que tiene ilusión en su futuro, en la importancia de defender los valores. Buenos en tanto que comunes y mejores si son cercanos.
              Solo espero que en un futuro no muy lejano seamos capaces de consensuar cuales son estos valores comunes. Y que los egoísmos nacionales y/o estatales no se impongan a la supervivencia de los valores en nuestra sociedad.
              De momento me quedo con el catedrático uruguayo del siglo XX: Libertad, Justicia y Paz.
     
                    Felicidades compañeros.
     
                    Un beso papi.
                    Un beso Mª Angeles.

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